LOS SABORES DEL SABER
Cuerpo y grupo amalgamados en un dispositivo del proceso de aprendizaje.
Se saborea la existencia o un placer físico, se lo saborea o no, a la inversa, se encuentra que la vida es insípida, sin sabor, sosa.
(David Le Breton, El sabor del Mundo,2006)
FOTO QUE HABLA
Ana está acostada en el piso, respira suavemente, escucha la voz del profesor que acompaña un recorrido que comienza en su columna, vertebra por vertebra, un leve movimiento de su cabeza de izquierda a derecha la lleva a sentir en un instante una conexión que como una ventana se abre para que entre una brisa fresca, hace respirar sus cervicales y ella comprende que el dolor de cuello se debe a la rigidez de su postura y que esos movimientos son parte de su cotidianeidad. Es una clase de Formación Corporal de la Licenciatura en Psicomotricidad (Universidad de Morón).
Quiero compartir una experiencia que llevo a cabo desde 2008, con el tiempo aprendí que en la práctica de la docencia universitaria, se hace imprescindible recepcionar la multiplicidad y la diversidad de lo cotidiano en el espacio académico.
Así es cómo puedo dar cuenta de un acontecer que refleja las vivencias de un cuerpo que se hace grupo y de un grupo que se hace cuerpo, desde las múltiples dimensiones de esos cuerpos.
En las clases, los participantes se tornan protagonistas de la experiencia, olfateando, tocando, sintiendo el propio cuerpo y el de los otros, como así también los objetos que pueden ser los propios de la sala de psicomotricidad u objetos cotidianos que permiten conectarnos con experiencias pasadas y/o presentes.
Estas vivencias muchas veces son el vehículo de expresión de las escenas alojadas en el cuerpo que transitamos grupalmente, produciendo transformaciones.
Las experiencias potencian los cuerpos y los preparan para el futuro rol.
INSTANTES ESCENICOS:
Pero este proceso no sería posible sin la acción que a través del juego y el movimiento se despliega mediante la puesta en escena, esa multiplicidad de sentidos que se recrea en cada encuentro. El movimiento y el juego tienen como protagonista desde la infancia al cuerpo, ese mismo cuerpo que recuperamos, el cuerpo de las vivencias realiza el circuito que da como resultado la producción de una obra que fluye desde la cotidianidad, una multiplicidad heterogénea de hechos, como diría el querido Pichón.
Parece que la compleja realidad nos invita a reflexionar entonces en que es posible pensar desde el cuerpo, aunque ya desde aquel libro “El pensamiento corporal”, la múltiple maestra Susana Kesselman reflexionaba con estas palabras: “la posibilidad de pensar desde el cuerpo explora una alternativa diferente que la de pensar “para el cuerpo”(…) el cuerpo es escenario de la auto observación, la experimentación, la reflexión y el cambio de la conducta de las personas que en él se expresa” (El pensamiento corporal, Susana Kesselman, 1994).
Cuerpo, grupo y escena se conjugan en instantes que suelen ser acontecimientos para luego registrarse en crónicas que se reelaboran en un proceso de pensamiento dónde los conceptos toman cuerpo, su guión tiene protagonistas, son los integrantes del grupo, que a través de bocetos que recorren los cuerpos por el espacio, dejan huellas que se transforman en experiencias.
Es importante para el pasaje por la Formación, el trabajo con uno mismo, poder expresar en grupo aspectos emocionales que posiblemente se jueguen en la práctica profesional. Por ello, el encuentro con los textos a partir de la vivencia y viceversa permite la aprehensión del conocimiento.
La compleja trama que se establece en el grupo y que crea una maravillosa potencia, nos permite trabajar en escenas que son emergentes de esa trama. Cada escena es una configuración que tiene múltiples lecturas, técnicamente cada uno de los integrantes del grupo multiplica esa configuración en rizoma (sin líneas de subordinación jerárquica –Gilles Deleuze) desde su implicación.
El cuerpo, como territorio escénico (Elina Matoso, 2006) está plagado de personajes que podemos desplegar en escenas, esta exploración tiene como objetivo, no sólo el conocimiento personal, sino las múltiples lecturas que el grupo le da a las escenas y que nos invitan a mirar con otros ojos.
LO GRUPAL, LO CORPORAL, LO ESCENICO, PALPAR EL MUNDO
Estos tres campos se cruzan para producir pensamiento en las orillas del cuerpo, entre los cuerpos.
Agitamos la maquinaria para que algo se produzca, una obra que permita cuestionar, interpelar saberes, saboreando intensidades.
Los cambios de paradigmas nos aproximan a una corporeidad, siempre en construcción, una ciencia del “entre”, que tiene sabores agridulces, verdadero oxímoron que conforma un campo propio que crece y se desarrolla nutriéndose del arte como forma de expresión y creatividad.
Esta construcción colectiva del conocimiento nos aporta algo muy importante, la mirada de los otros, dice Le Breton “está dotada del privilegio de otorgar o quitar significaciones”, por ello los talleres están diseñados con una dinámica grupal que permite desplegar estas miradas, y el trabajo con máscaras nos ayuda a configurar nuestro “mapa corporal”, sin entrar en detalles, sería ,si el esquema del cuerpo es la representación que más se aproxima a la biología del cuerpo, la imagen del cuerpo presentifica la relación entre el esquema corporal y la subjetividad vivida del sujeto. El mapa retoma estas definiciones y las entrelaza con la complejidad de la estructura psíquica, la relación con el objeto, con el otro y con el mundo. (Mario Buchbinder, Elina Matoso, Mapas del Cuerpo, 2011).
La descripción de esta práctica nos permite pensar cómo nos afecta la realidad educativa. La presencia del cuerpo y sus vivencias en las clases amplía las dimensiones tradicionales, estas producciones grupales descentran la lectura que traza una sola línea de significación para abrir a la diversidad.
Claudio Mestre, Coordinador de Trabajo Corporal, Psicodramatista, Prof. de Formación Corporal en la Lic. En Psicomotricidad de la Universidad de Morón.